Lindo frenesí de la escritura. Si me intentas entender empieza por mentalizarte de que este es mi elixir. Técnicamente este es el apartado 'he forzado de más al boli' de mi cuaderno. Disculpen las molestias, mortales.

miércoles, 16 de enero de 2013

Salvando mi orgullo.

Y decidí no tacharlo, llevaba más de cuarenta intentos y ninguno me convencía del todo. Joder, tampoco puedo hacerlo todo mal. Borro más de lo que escribo. A lo mejor no fluyen las palabras de la forma que lo hacían los primeros días cuando acudía a ti y me decías 'escribe, anda, o terminarás matándote', a lo mejor no, seguramente. Pero es verdad que ya solo me sustenta esto, y ya no asisto a ti para saber que tengo que escribir, porque no estás. Es verdad que no te has ido, me has echado. En la mesa donde me dedico a rubricar mis desperfectos se hacinan un montón de cenizas y colillas consumidas hasta el filtro. Es un repugnante amasijo de pavesas impregnadas de café frío derramado que me niego a limpiar. Mi habitación es un cataclismo que expresa mi más profunda ruina. Y sin quererlo. No podía sostener el bolígrafo sin antes mirar a mi alrededor y observar el deterioro progresivo que estaba sufriendo, y yo sin hacer nada para evitarlo, ya me ves. Era un bucle, yo estaba mal y por lo tanto me despreocupaba de mi habitación, o por el contrario, mi habitación era un desastre y me contagiaba de ella. Estamos hechas la una para la otra. Venga, vuelvo a intentarlo. Esta vez voy decidida. El boli escupe todo lo que yo tengo en mente, por fin. En este papel la tinta brilla más. Acabé y lo releí un par de veces para comprobar mi rebelde ortografía. Todo en orden. Ahora queda el paso más difícil, el destinatario. Odio perder el tiempo en alguien que no se lo merece, que ya no es como antaño. Que ya no somos, pero bueno, le daré todas las explicaciones que no supe dar en su momento. Nuestro mayor problema fue que nos conocimos antes de tiempo y nos hemos dicho adiós sin mirarnos a los ojos. Qué valientes. O no nos vemos o nos ignoramos. Estamos siempre en el mismo punto. Mi orgullo, tu orgullo, qué inconvenientes cuando no deben. Aquí no hubo nunca terceras personas, más que nada porque nunca dimos importancia a nadie (fuera de nosotros, claro). Aquí nos mató el orgullo y quisimos echarle la culpa a la rutina y a la ruina en la que termina convirtiéndose al final. Aquí solo hay un punto y final que no existe porque no nos atrevemos a ponerlo. Aquí hay un adiós que nadie dice y unos besos que ninguno da. Aquí hay dos personas con mucho callado entre pecho y espalda (cerca del músculo que bombea sangre, creo que se suele decir). Es un quiero y no puedo incesante. Es un 'ven, porque yo no voy a ir' por parte de ambos. Son dos palabras que se quedan en el aire porque nunca se dijeron.

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