Todo preparado para mi cita diaria en aquel lugar albino que apenas dura diez minutos, a no ser que se demore más de la cuenta. Cierro la puerta con cerrojo y abro el grifo del agua a su mayor brío y fuerza para distraer los distintos sonidos automáticos que efectúo hasta el final de la operación. Me inclino hacia la taza del váter y miro el agua que contiene en el fondo y cierro los ojos con fuerza. Bien, no tardé mucho. Saqué los dedos después de rozar mis entrañas y con la otra mano tiré de la cadena. Tras esto abrí los ojos, no es bonito ver mi bilis. Cerré el grifo y me eché algo de colonia, la del frasquito verde. Es de las típicas que impregna toda una habitación, hasta el último ápice de oxígeno. Me subí a la báscula, los números parecían vacilarme de nuevo, nunca estuvieron a mi favor, ni en matemáticas. Bueno, ellos mismos. Esto solo es el principio, es más después de la cena me tendrían de nuevo aquí. No es mi lugar favorito en este averno o como quieras tú llamarlo, pero es mi terapia, y creo que la única eficiente sobre este orbe.
Lindo frenesí de la escritura. Si me intentas entender empieza por mentalizarte de que este es mi elixir. Técnicamente este es el apartado 'he forzado de más al boli' de mi cuaderno. Disculpen las molestias, mortales.
martes, 15 de enero de 2013
Averno.
Otra vez más. El 'tic-tac' era el sonido del infierno, mi averno, ese donde no existe el calor aunque todo el mundo lo pinte con colores muy cálidos y hasta con fogonazos. Como se nota que no han venido a visitarme nunca. Aquí hace frío, no hay luces, ni sonrisas. Aquí me contraigo y tirito siempre, ya nadie me estima, si es que alguna vez alguien lo hizo o si lo disimuló tan bien que yo fui la necia que creyó tal mentira cubierta de una sonrisa. ¿Cómo iban a querer a alguien así? Normal que ande impar en este lugar gélido. El 'tic-tac' se hunde hasta lo más hondo de mi caja torácica, donde ya no llego a alcanzarlo. Nunca lo he hecho. Las púas del reloj duelen más que esa hora donde empieza mi sentencia, esa hora que llega más de dos o tres veces al día (si consigo escabullirme de alguna) y a la que tengo que acudir sin rechistar o se notaría demasiado. Debía saciar un apetito inexistente desde hace solo escasas semanas aunque mis resultados no dirían lo mismo, es más no me dicen nada. Tenía que terminar de ingerir y permanecer neutral ante cualquier idea hasta que quedase recogida la mesa. Es una tontería, pero a saber como reaccionarían mis padres sin les contase el dilema principal. Nunca me han entendido, no lo harían ahora.
Todo preparado para mi cita diaria en aquel lugar albino que apenas dura diez minutos, a no ser que se demore más de la cuenta. Cierro la puerta con cerrojo y abro el grifo del agua a su mayor brío y fuerza para distraer los distintos sonidos automáticos que efectúo hasta el final de la operación. Me inclino hacia la taza del váter y miro el agua que contiene en el fondo y cierro los ojos con fuerza. Bien, no tardé mucho. Saqué los dedos después de rozar mis entrañas y con la otra mano tiré de la cadena. Tras esto abrí los ojos, no es bonito ver mi bilis. Cerré el grifo y me eché algo de colonia, la del frasquito verde. Es de las típicas que impregna toda una habitación, hasta el último ápice de oxígeno. Me subí a la báscula, los números parecían vacilarme de nuevo, nunca estuvieron a mi favor, ni en matemáticas. Bueno, ellos mismos. Esto solo es el principio, es más después de la cena me tendrían de nuevo aquí. No es mi lugar favorito en este averno o como quieras tú llamarlo, pero es mi terapia, y creo que la única eficiente sobre este orbe.
Todo preparado para mi cita diaria en aquel lugar albino que apenas dura diez minutos, a no ser que se demore más de la cuenta. Cierro la puerta con cerrojo y abro el grifo del agua a su mayor brío y fuerza para distraer los distintos sonidos automáticos que efectúo hasta el final de la operación. Me inclino hacia la taza del váter y miro el agua que contiene en el fondo y cierro los ojos con fuerza. Bien, no tardé mucho. Saqué los dedos después de rozar mis entrañas y con la otra mano tiré de la cadena. Tras esto abrí los ojos, no es bonito ver mi bilis. Cerré el grifo y me eché algo de colonia, la del frasquito verde. Es de las típicas que impregna toda una habitación, hasta el último ápice de oxígeno. Me subí a la báscula, los números parecían vacilarme de nuevo, nunca estuvieron a mi favor, ni en matemáticas. Bueno, ellos mismos. Esto solo es el principio, es más después de la cena me tendrían de nuevo aquí. No es mi lugar favorito en este averno o como quieras tú llamarlo, pero es mi terapia, y creo que la única eficiente sobre este orbe.
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