Lindo frenesí de la escritura. Si me intentas entender empieza por mentalizarte de que este es mi elixir. Técnicamente este es el apartado 'he forzado de más al boli' de mi cuaderno. Disculpen las molestias, mortales.

martes, 28 de mayo de 2013

El vicio de la impuntualidad.

'¡Mierda!' Me acuerdo perfectamente de que fue lo primero que dije ese día. Y a continuación prosiguió un, 'no hay barra de labios que no rompa'. Iba tarde, como casi siempre, y mi barra de repuesto se negaba a aparecer. 'No hay manera'. Cogí el rosa, aunque el carmín siempre le había sentado mejor a mis labios. Al pintarme, salí, llegué al autobús de milagro, y corriendo (cómo no) Ahora se me resistía el billete, por suerte, el conductor me conocía y me dejó pasar. Yo no me había fijado nunca en su cara, como si no le hubiese visto nunca, vaya. Me senté al lado de un chico joven, más o menos de mi misma edad 'buenos días, señorita'. Le dediqué una sonrisa y un tímido 'buenos días, caballero'. Tampoco le había visto nunca. 
Me quedaba un largo trecho de viaje y este muchacho no me quitaba el ojo. Le miré y pregunté '¿te conozco?' Su 'que va, me hubiese acordado de ti' fue conciso. Me ruboricé. 
Está mal decirlo, pero me pasé 4 paradas más después de la mía. No, no me dormí. Tampoco fui a trabajar ese día. Me dediqué a conocer a ese joven que la suerte o el destino me había preparado para mí.  
No estaría escribiendo esto como recordatorio a horas de mi boda con él, la persona a la que de verdad amo, si no fuese por mi vicio de la impuntualidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario